Siete minutos con la mirada fija en una banca situada en una
de las calles del Centro Histórico de Lima. Siete minutos pensando en la
cantidad existente de ellas. En parques, malecones y paraderos están. Construidas
a base de madera, cemento o piedra, su valor se encuentra escondido en el
tiempo transcurrido.
¿Imaginaste alguna vez la cantidad de historias que guarda
una banca? ¿Calculaste cuántas risas y llantos ha soportado su espacio?
Si dejara su naturaleza de objeto y se convirtiera en sujeto,
sin duda alguna, sería la envidia de muchos cuentistas y novelistas. Inclusive
la propia imaginación se sentiría ofendida, pues no hay lugar más cargado de
vicisitudes que una simple banca.
Tres minutos extras con la mirada atravesando su estructura.
El objetivo ya no es ella, el objetivo es la nada. Porque en la nada se
encuentra el todo, como la justificación de que una banca no pueda ser –naturalmente–
un sujeto. Y es que muchos secretos le fueron confiados, secretos que nunca
deben ser revelados.
Fuente: Jopasa

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